Quizás la mejor victoria sea
sobre el tiempo y la atracción,
pasar sin dejar huellas,
pasar sin dejas sombra
en las paredes...
Quizás renunciando
vencer? Quién del espejo se borra?
Así como Lermontov en el Cáucaso
colarse sin inquietud en las rocas.
Es quizás la mejor diversión
con los dedos de Sebastián Bach
del órgano provocar el son?
Despedazarse sin dejar
cenizas para la urna...
Quizás por engaño
vencer? De toda latitud darse de alta?
Así en el tiempo tal océano
colarse sin inquietar las aguas...
'Insinuarse' - Marina Tsvetaeva.-
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martes, 4 de septiembre de 2012
Me gusta que no estés loco por mí,
me gusta que no estoy loca por ti,
y que la pesada esfera del planeta tierra
no vuelva a girar a nuestros pies.
Me gusta poder ser imperturbable
y tener humor y ser incapaz de jugar con las palabras,
no enrojecer ante una ola sofocante,
cuando al rozarte con mis mangas me enciendo.
Me gusta también que ante mi presencia
abraces tranquilamente a otra, está bien,
incluso para mi, besar a otro
y que no me amenaces con las llamas del infierno.
Ese es mi dulce nombre, que ni de día, ni noche,
volverás a recordar, dulce amado,
y que en el silencio de la iglesia nunca
canten por nosotros: ¡Aleluya!
Con este mi corazón y con está mi mano: Gracias,
tú que – sin saberlo - me amabas tanto,
y, por mi paz nocturna,
y, por las raras citas a la hora del ocaso,
por los paseos que no dimos a la luz de la luna,
por el sol que no brilló está mañana sobre nuestras cabezas,
¡Ay de ti!, por no estar loco por mi
y, ¡Ay de mí! por no estar loca por ti.
Marina Tsvetaeva.-
me gusta que no estoy loca por ti,
y que la pesada esfera del planeta tierra
no vuelva a girar a nuestros pies.
Me gusta poder ser imperturbable
y tener humor y ser incapaz de jugar con las palabras,
no enrojecer ante una ola sofocante,
cuando al rozarte con mis mangas me enciendo.
Me gusta también que ante mi presencia
abraces tranquilamente a otra, está bien,
incluso para mi, besar a otro
y que no me amenaces con las llamas del infierno.
Ese es mi dulce nombre, que ni de día, ni noche,
volverás a recordar, dulce amado,
y que en el silencio de la iglesia nunca
canten por nosotros: ¡Aleluya!
Con este mi corazón y con está mi mano: Gracias,
tú que – sin saberlo - me amabas tanto,
y, por mi paz nocturna,
y, por las raras citas a la hora del ocaso,
por los paseos que no dimos a la luz de la luna,
por el sol que no brilló está mañana sobre nuestras cabezas,
¡Ay de ti!, por no estar loco por mi
y, ¡Ay de mí! por no estar loca por ti.
Marina Tsvetaeva.-
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